El final de un misterio sabe a una copa de vino añejo:
dulzor perceptible al olfato.
Tus ojos brillan calmos luego de noches de furia sexual,
de anticipos de calor intenso
tras morder las almohadas
blancas de seda italiana.
Un alarido suicida y las uñas en dirección contraria a mi piel:
las heridas del goce carnal.
Enjambre de imágenes que dejan perpleja la imaginación,
turbia demencial insurrección
de la penetración mental
en tu tórrida femenidad.
Otro golpe eléctrico directo hacia tus pezones erectos:
el demonio metido en tu cuerpo.
¡Ah maldito tormento!
Me alimento del momento
de un desgarro violento.
Me desangro muy lento
en el febril pavimento.
Me pudro... contento.
P.S.: Escrito en Temuco el lunes 24 de Octubre de 2011 (05:28).