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El sol rompe las defensas de la ventana
y me enceguece la mirada.
Estoy despierto... otra vez.
Otra vez lavarse la cara,
otra vez cepillarse los dientes.
Otro desayuno solo... en la cama.
Nuevamente ponerse alguna ropa,
vestirme aunque nadie lo note.
Cojo el arma... como siempre.
Y pruebo de su metal con mi lengua,
beso con mi boca, su boca letal.
La pendiente adecuada... por jugar.
Quito el seguro y lo vuelvo inseguro,
miro una vez más la ventana soleada.
Esta vez no... por fin el gatillo habló.
Antes de perder consciencia absoluta
admiro las formas que toman mis sesos
y mi sangre hermosamente salpicada
en el frío muro de ladrillos blancos.
Obra de arte.
P.S.: Escrito en Temuco el viernes 21 de Octubre de 2011 (16:14).
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