No voy a decir nada nuevo.
Sólo pienso en los otros espacios y los otros tiempos a los que uno renuncia por elegir sólo un camino, que puede ser un sendero o un derrotero: eso depende de quien y en que tipo de circunstancias lo viva.
Todos sabemos que al elegir algo uno renuncia a miles de opciones visibles e invisibles, tan viables como el que se aborda. Y no hay vuelta atrás en las opciones.
Es el precio de la libertad (si es que existe eso). La libertad exige renuncias.
Para los platónicos y neoplatónicos, la libertad es alcanzar el eidos o Dios, respectivamente (son casi lo mismo pero con diversos sentidos). No había conflicto entre nuestra libertad y el destino, como si lo hubo al tratarse de las tragedias helénicas (¡Qué tipo de Orestes es el que vemos en Esquilo o en Eurípides!).
Santo Tomás no pensaba muy diferente de lo que lo hizo San Agustín: sólo que esta vez la libertad pasó de ser casi corporal-irracional a ser intelectual: el libre albedrío. Dios sigue allí.
No obstante, un personaje como Descartes dudó de Dios. Si bien llegó a que la existencia se remite a la res cogitans, y de ahí a la res extensa y la res divina, dejó sin "querer queriendo" a Dios tambaleando.
Hobbes temía de la libertad humana, porque en caso de no existir la divinidad de la que dudó Descartes, cada individuo podía hacer lo que quisiera. Incluso matar a otro. Por eso inventa ese Leviathan llamado Estado moderno, mal menor a la ausencia de Dios.
En Kant la libertad exige renunciar a la Necesidad, a los deseos, estos últimos dos conceptos que invaden el mundo posmoderno, hipermoderno, desmodernizado (o como carajos quieran denominarlo). Así, el imperativo categórico -universal- pesa por sobre el imperativo hipotético - individual e individualista. Trata de salvar a Dios, aunque lo racionaliza de manera peligrosa mediante la Razón Práctica.
Sin embargo, los Schopenhauer y los Kierkegäard ven la libertad como el inicio de la angustia existencial: ellos ya son más que conscientes de que el ser humano es -como señaló Pascal- una débil "caña" que piensa. Más frágil y finito que eso no hay...
Se nos desaparece Dios de las ideas sobre el sujeto -¿sujeto a qué?- y la base que le da sentido, el Cosmos. La ruptura entre lo Uno y lo múltiple -aún apoyado por Hegel- está porvenir.
Y llegamos a tipos como Nietzsche, donde la libertad se basa en el poder de cada ser humano, que rompe y asesina a Dios y los atados morales y sociales para volverse un superhombre.
(Dios Q.E.P.D.)
¡Y sin embargo, aún queda algo de "ser" -ontos- en ese humano...!
Algo que nos lleva a la aventura de traspasar ese "más allá" desconocido, ese terreno fangoso llamado Modernidad. O está la mente o el poder. O ambas.
De todos modos, tipos del siglo pasado como Sartre ya ve en la libertad nuestra cárcel. Estamos obligados a vivirla y eso implica tener que elegir. Y renunciar. Y a dolernos por ese acto. Y a empezar a vivir/sufrir esta vida. Amar lo que hay porque "es lo que hay". Es lo que elegiste.
Aún más: hay corrientes como el estructuralismo que tenderá a poner a la libertad del sujeto en cuestionamiento, pues las potentes estructuras económicas (Marx y los ortodoxos), culturales (Levi-Strauss) y discursivas (Foucault), entre otras, pasan a llevarla y casi a a negar.
Ahora, ¿Qué más sentidos y perspectivas tiene esta palabra llamada libertad?
Obviamente, muchísimos... Todos los que uno quiera.
Por otro lado, ¿cómo vivir con las renuncias? ¿Recurrir a los duelos psicoanalíticos? ¡Quién sabe! Cada renuncia es probar un poco de muerte. Eso ya lo dice Freud y lo repetirá, en especial, Lacan.
Como ven, existen miles de modos de pensar la libertad. Tener que vivir con ella se vuelve complejo, incómodo, triste...
¡Quién no desearía tenerlo todo en la vida!
¡Ser inmortal!
¡Recorrer todos los senderos que se bifurcan del jardín borgeano!
Eso es imposible.
No se puede elegir todo y, para más remate, no puedes elegir todo lo elegible: sean personas para
amar, lugares para vivir, trabajos, estudios, idiomas, comidas diarias, dinero para gastar, vida. (¿Culpa de la cultura/super ego? ¿Del capitalismo perverso y tardío?)
Quizá, como señalan Derrida y De Certeau, vivimos eternamente añorando lo ausente, lo muerto y, por ende, experimentando duelos. Somos tan inconscientes de la muerte, pero la vivimos siempre. En el caso que tratan son en los textos y los libros; en nuestro tema, es la existencia vital.
(¡¿Y quién dice que la finitud mortal del conocimiento y la vida no van de la mano?!).
Al menos, estos dos franceses hablan algo al respecto. El ser "simulacro", ser lo múltiple desligado de lo Uno (Dios o lo que crean que sea esto), permite comenzar a vivir la presencia y la ausencia, la vida y la muerte, todo como devenir. Deleuze diría "desterritorializados", vale decir, capaces de intentar "hacer" lo que más puedas "hacer" (no ocupo el "ser" por razones obvias).
O, por su parte, refigiarse en los fundamentalismos "re-ligiosos" (si es que vuelven a ligar con algo), sea en sus versiones cristianas, islámica o qué se yo.
Acaso el Islam tenga alguna solución al respecto cuando afirman que Allah es el Uno y permite ser conocido y vivido individual y colectivamente mediante la shari'a (ley islámica). Claro que eso pretende, desde cierta perspectiva, negar la Modernidad occidental... (¿Es intocable la Modernidad?).
Yo -como "caña" pascaliana que soy- no pretendo dar solución al tema ni intentar afirmar/negar al sujeto moderno ni al posmderno ni al premoderno. Ni tampoco "re-matar" o "re-vivir" a Dios. En absoluto.
Sólo pretendo que -luego de esta sarta de palabras al aire convertida en texto, en materia- quede algo de ausencia, de muerte y de duelo, en ustedes.
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