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En la esquina de avenida Brasil con Erasmo Escala, como quien camina hacia Cienfuegos por la vereda norte, a eso de las 21:00 horas del miércoles 14, algo oscuro me siguió.
Justo al pasar al lado de un perro negro que comía de la basura esparcida en la acera, noté con extrañeza que el perro tenía un rostro engargolado, como los de la casona hermética de Cienfuegos #41.
La oscuridad habitual de ese lugar a esa hora, incluso con horario de invierno, se volvió aún más confusa.
Por un par de sentí detrás de mi caminar algo o alguien que me seguía y quería apoderarse de algo que yo portaba. Quizá de uno de los libros que debía devolver en la biblioteca de mi universidad. Quizá de mi vieja chaqueta.
No lo sé.
Sólo pude disipar las dudas cuando, cerca de un pequeño local de comida, volteé para ver si alguien caminaba detrás de mí y no había nadie. Las personas que conversaban en el local me miraron raro.
No puedo explicar lo que sucedió.
Sólo sé que algo oscuro y siniestro estuvo conmigo por un lapsus de tiempo.
Quizá me perseguí.
Quizá era yo, desdoblado en un demonio que sólo ese momento se hizo ver, aunque sólo parcialmente. Y tuve miedo.
En la esquina de avenida Brasil con Erasmo Escala, como quien camina hacia Cienfuegos por la vereda norte, a eso de las 21:00 horas del miércoles 14, algo oscuro me siguió.
Justo al pasar al lado de un perro negro que comía de la basura esparcida en la acera, noté con extrañeza que el perro tenía un rostro engargolado, como los de la casona hermética de Cienfuegos #41.
La oscuridad habitual de ese lugar a esa hora, incluso con horario de invierno, se volvió aún más confusa.
Por un par de sentí detrás de mi caminar algo o alguien que me seguía y quería apoderarse de algo que yo portaba. Quizá de uno de los libros que debía devolver en la biblioteca de mi universidad. Quizá de mi vieja chaqueta.
No lo sé.
Sólo pude disipar las dudas cuando, cerca de un pequeño local de comida, volteé para ver si alguien caminaba detrás de mí y no había nadie. Las personas que conversaban en el local me miraron raro.
No puedo explicar lo que sucedió.
Sólo sé que algo oscuro y siniestro estuvo conmigo por un lapsus de tiempo.
Quizá me perseguí.
Quizá era yo, desdoblado en un demonio que sólo ese momento se hizo ver, aunque sólo parcialmente. Y tuve miedo.
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