sábado, 3 de abril de 2010

ASPERGER

.


Miraba el otro día un reloj inglés que se escondía apenas tras una vitrina de un pequeño local de calle San Pablo.


Quité la vista cuando descubrí mi reflejo en el sucio cristal.


No quise volver a ver esa patética imagen y comencé a correr por la calle, sin dirección alguna.


No había caso. Está en cada ventanal, en cada vitrina vieja, en cada reflector de cada vehículo.


No me quiere dejar.



¡Es mi sombra, es mi reflejo!



Corro y corro. Desesperado. Corro sollozando, llorando, gritando.


!Con los ojos dolientes y con la garganta rasgada!


¡No puedo vencer!


¡¡Nuevamente caigo derrotado!!



Me arrodillo en la mitad de la calle...


... y una única, violencia y metálica caricia de un largo bus del Transantiago me aleja de todo lo que podría volver a ver.



Me aleja -¡por fin!- de mí.

No hay comentarios: