Rieles de Temuco, una imagen mía en sepia
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Hay una idea que me apasiona y me quita -en ocasiones- el sueño. Tiene que ver con la aprehensión de la "realidad". Me refiero a producir imágenes fotográficas.
La fotografía es un arte -techné- que se ha masificado en estas últimas cinco o seis décadas en el mundo.
En particular, en Chile, tener una cámara fotográfica se hizo atractivo ya en los años ochentas. Sin embargo, el "boom" se ha producido en esta primer década de siglo y milenio con la aparición de diversas cámaras a diversos costos y, cómo no, alternativas: celulares, MP4's, etcétera.
Y, por consiguiente, sacar fotos es algo que hacemos al diario, sea para satisfacer nuestro ego, para exhibirlas en sociedad en fotologs, blogs y otros dominios gratuitos -y otros no tanto- que permite la Web 2.0.
Sólo en dominios chilenos de este estilo existen seguramente millones de imágenes fotográficas -retratos, paisajes, photoshopeadas o naturales, etcétera- dando vueltas.
En lo que respecta al tema de paisajes urbanos y rurales, existen espacios como Panoramio -vinculado con Google Maps-, los de Google Earth, Flickr, ImageShack y otros cientos más. En ellos uno puede "conocer" un rincón del mundo sólo mirando los fotografías. Y, como es de esperar, hay algunos lugares densamente pobladas de imágenes. Vayan a un mapa del centro de Santiago de Chile en Google Earth y comprobarán lo que les digo.
El tema que me preocupa, en el fondo, no es sólo el proceso de fotografiar algo -donde podemos ver que hay buenos, malos y suertudos "cazadores" de "realidad"- sino el para qué de esos archivos-documentos. Vale decir, el sentido de fotografiar y, de paso, de las fotos mismas.
Este tema es un quebradero de cabeza para mí.
En lo personal, soy amante del coleccionar imágenes fotográficas del paisaje urbano. No soy un gran fotógrafo, pero soy eficiente pues en algunos años con una cámara convencional -digo, que puede usar cualquiera- tengo más de 300 imágenes de diversos lugares de Santiago de Chile. Súmese mi amor por la disciplina histórica -que estudio- y la arquitectónica, de la que apenas conozco nociones bien básicas. Eso producirá -dentro de poco, cuando pille un sitio apropiado para tantos archivos- una especie de recorrido virtual de carácter turístico-histórico-arquitectónico-cultural por la capital.
El problema es que -obviamente- jamás podría aprehender todo Santiago de Chile histórico por muchas fotos que obtenga. Además, el tiempo influye doblemente en la obtención de éstas.
Uno, porque existen las estaciones del año y en un clima mediterráneo puedes obtener variedad de fotos de un mismo paisaje (piénsese en la cordillera luego de la lluvia, con smog y en verano: tres fotos diferentes).
Y dos, porque la ciudad -grande como es- fluye, muta. Ya en estos últimos tres meses, conozco más de cinco casos de edificios históricos patrimoniales o testimoniales que han cambiado para bien o peor por inauguración, incendio, demolición. Eso hace que la obtención de imágenes fotográficas históricas patrimoniales o testimoniales sea un desafío porque cada minuto cuenta.
Y esto, sumado a que uno debe conformarse con la "esencia" instantánea, fragmentada -por lo subjetiva- de la imagen fotográfica, es un embrollo. Mi tema apunta a la episteme, al conocimiento de la realidad (sino, ¿para qué querría yo hacer un espacio para "conocer" Santiago de Chile?).
Si no se convencen de lo que digo, lean el primero de los seis ensayos del libro Sobre la fotografía de la excelente pensadora Susan Sontag.
No obstante, creo que el arte de la fotografía es -en lo personal- exquisitamente placentero. Aún cuando deba conformarme con estos pedazos de "realidad".
En el fondo, esta actividad humana, como todas actualmente, hay que considerarlas "parcelas" sesgadas desde las que se puede "conocer" muy parcialmente la realidad y sus productos, en este caso las fotografías, como simples y valiosos fragmentos -y micromundos polisémicos- no necesariamente acumulables.
Sin embargo, no es del todo malo. Si no fuera porque cada uno de nosotros podemos fotografiar -o intentar fotografiar- "realidades" distintas, con divergentes discursos, no podríamos "conocer" más de lo que nuestra subjetividad consigue conocer.
Y eso enseña a aprender a mirar más las distintas visiones sobre lo que producimos, en este caso, las imágenes fotográficas. No conoceremos "la" "realidad" y, quizá, siquiera "las realidades" ajenas del todo, pero es una apertura a aprender a observar y aprehender el mundo fragmentariamente.
Con lo bueno y lo malo.