
.
No hay aroma más dulce que la de un libro viejo.
Una sombría de gloria
cuya savia es la historia.
Un runrún de palabras
que emana memoria.
Y sus fojas amarillentas
de ámbar e imprenta
con los bordes fisurados
rumbo a la muerte lenta.
No hay aroma más triste que la de un libro en el espejo.
Pereciendo.
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