No escatimaré en gastos para volver a soñarme desnudo.
Hundirme en el campo granado de los sonetos
de las luciérnagas.
Noches sin luna, prados y eucaliptus y veranos tibios.
Y los durmientes de las ánimas
de un ferrocarril oxidado.
Sobrevolaré la profundidad de los senderos de los pinos.
Escondido en los helechos y caballos galopantes
y la libido del manantial.
Cielos soleados, sombras de una parra que gotea el vino.
Me abandono al volver a despertar bajo las maderas
de un corredor colonial, añejo.
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