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Tu boca roja prepara su soda cáustica
y yo -el muy estúpido- voy y bebo de ella
corroyéndome las entrañas nuevamente
desde mi faringe y laringe hasta el esófago
propagándose úlceras sobre el estómago
cuyas enzimas absorben dolientes
hasta filtrarse en las venas nutrientes
y desgarrar mi sangre avinagrada
y cercenar de una vez por todas
las raídas corazas de mi corazón.
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