Canta, oh, hijo de la Serpiente
voz trémula e inerte
al rechinar de los dientes
se acerca el Ángel de la Muerte.
Sesenta signos de fuego
acabaronse el corazón
trizaron el siniestro Ego
colgando como un vacío pendón.
El dolor no merece un ruego
ni mucho menos una oración
el amor me dejó ciego
desgarrándome con pasión.
Ruge, oh, negra pendiente
odio cada vez más fuerte
en el hálito y las mientes
que Samekh viene a cogerte.
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