La caricia de una hormiga exploradora en mi mejilla
me despierta del sueño enrarecido que he tenido.
Las imágenes ciertamente son clandestinas,
algo borrosas,
sobre los estallidos de las ventanas
antecesores a un huracán.
Una cachetada de viento y aguas turbias
se mezclaron con las lágrimas asesinas
ahogando a la extraviada hormiga exploradora
que me vino a mal despertar.
Los pesares ya no los carga el insecto aquel
ni mis sueños arremolinados de infiernos ocres
las culpas las cargo nuevamente yo
ensimismado en un sueño miserable
y del que no debí
jamás
regresar.
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