martes, 6 de septiembre de 2011

ESTO DE ACARICIAR LOS SUSPIROS DE MADRUGADA

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Esto de acariciar los suspiros de madrugada
se hace cada vez más deleznable.

El ojo izquierdo llora, depositando la lágrima
en la arena de alguna playa solitaria.

Ya no en la inverosimilitud,
ya no en las nubes de Hot-Sun,
sino quizá en alguna bañada
por el mar mexicano,
no en Vallarta o Zihuatanejo,
sino que en Puerto Chiapas.

La lágrima absorbida
y alzada hacia los cielos
por evaporación solar
riega la selva tropical
con sus partículas difusas
y reverdece lo antes muerto.

La humedad se va en brisas,
huracanes de suspiros,
hacia tu ventana oscura
sorteando el material
y escurriéndose a tu habitación
donde dormida, la absorbes.

¡Esto de llorar mis suspiros de madrugada
se hace cada vez más excitante!




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