martes, 28 de octubre de 2008

BIBLIOTECA NACIONAL


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Luego de que el hombre le pasa el microfilm, camina con calma hacia el visor que ya tenía reservado.

Él, tan asiduo a los rincones de la hemeroteca de la Biblioteca Nacional, debió conformarse con estar al centro de la sala.

Dispone el microfilm en el visor y comienza a revisarlo. Pasan algunos minutos y está ensimismado observando las noticias de 1947 de La Nación sobre el gobierno de González Videla cuando un bolso negro interrumpe su revisión hemerográfica. Una mujer de unos ventitantos años y con cara de universitaria se ubica en el visor del costado derecho, justo donde tenía su notebook.


- Disculpa, ¿puedes cuidarme las cosas por favor?


Él pretendía mostrarse molesto frente a la interrupción pero al mirarla descubre un bello rostro de blanca faz que es quien emite la petición.


- ¡Ehh! Por supuesto... - agrava el tono de su voz.


La ve caminar hacia la entrada y aprovecha de mirar su trasero bien parado. El cabello rubio cae sobre la espalda. Trata de no ser evidente y más aún cuando la muchacha retrocede la mirada hacia su visor y se topa con la de él. Ella sonríe sólo con una mueca.


"¡Ayayay! ¡Y justo que debo terminar esta pega más que rápido!".


La muchacha vuelve a su lugar con el microfilm en la mano. La da las gracias a su compañero de posición y éste sonríe tímidamente. La niña intenta poner el rollo pero no sabe cómo. Él la mira de reojo con sus ojos morenos y, al notar que ella se desespera, le ofrece ayuda. La blonda joven sonríe y le vuelve a dar las gracias.


- Es que es mi primera vez aquí... Siempre yo iba a la sala Gabriela Mistral a leer.

- ¡Obvio! Si igual es complejo utilizar estos aparatos al principio. A mí también me pasó...


El moreno le sonríe y la muchacha rubia se muestra encantada.


- ¿Qué tienes que revisar?

- Emm... El Mercurio de septiembre del '70... Es sobre las reacciones frente a las elecciones para cuando salió Allende.

- ¡Interesante!

- Sí, pero igual es algo lento porque debo revisar varios rollos. ¡Este apenas contiene una semana!

- Sí, es que son diarios con hartas páginas... Bueno, ahí está puesto para que lo uses - dice el joven moreno mientras ella ya puede ver el periódico frente suyo.

- Gracias... ¡Te pasaste!

- No. No hay de qué...


Se produce un silencio y ambos no saben que hacer. Son sólo segundos de distracción donde ella hace que mira al visor y él también. Él intenta seguir en lo suyo pero ya no puede.


El joven moreno está invadido por la timidez. No sabe si decirle algún piropo o preguntarle su nombre.


Luego de diez minutos va sacando fuerzas y dispone su rostro hacia la humanidad de la muchacha y va a emitir algunas palabras más audaces cuando aparece un apuesto tipo de improviso y, estando de pie, se mete sin querer al medio de ambos y le habla a la rubia:


- ¡Hola amor!

- ¡Hola Pato!


"¿Amor?... ¡Ay de mí!". El muchacho se esconde en el visor como un avestruz y permanece mudo, intentando seguir la tarea. No es capaz de proseguir y decide arrancar el microfilm, ordenar sus cosas y marcharse de la hemeroteca. La muchacha rubia lo mira con rostro de búsqueda de atención mientras sigue conversando con el tipo recién llegado. El pobre muchacho moreno se va sin siquiera voltear.


- Oye Feña, ¿qué tanto miraí al loco que pasó recién? ¿Lo conocís acaso?


Ella lo mira con odio y le responde:


- Pato... ¡última vez que juegas con decirme 'amor' frente a todos!

- ¡Pero linda, no le pongas tanto!


La rubia queda en silencio mirando a la entrada. Del joven moreno ya no hay rastros.



Mientras, el tipo le ronronea a la muchacha con unas palabras acaramelada, como buscando disculpas:


- Ya poh, hermanita preciosa, no se enoje... ¿Ya?



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