martes, 14 de octubre de 2008

PUERTO ESCONDIDO


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Ella me tomaba de la mano. Y la alejaba.

Las arenas mojadas de mar se hundían levemente. El sol iba en descenso, haciéndose de tarde.

Un último chapuzón en las aguas de Puerto Escondido.

Envicia el mar tibio. Ella me mira, mientras se sienta en la playa.


El cuerpo húmedo de esta mujer se seca con el sol. El traje de baño revela sus deliciosas curvas. Imagino mi boca saboreando su cuerpo salado. No puedo soportar más y veo al señor que vende los "raspaditos". Uno para ella, de tamarindo, y el otro para mí. Obvio, de limón.


Ella no quiere derse por aludida. De nuevo, me toma tímidamente la mano, pero no me ve. Aleja su mirar hacia la rada, los verdosos acantilados, las palmeras. El sol oaxaqueño.


"Mañana me voy a Chile" - me dice. "Lo sé". No hallo qué más decir. El sol baja cada vez más. La playa se va despejando de gente.


"Te a...". No alcanzo a decir nada cuando rompe en silencioso llanto. "No creo que me vuelvas a ver otra vez por aquí". "Tú siempre estarás bienvenida en México" - atino a decir. Ella sabe que no tengo cómo volver a mi país.


Yo intento abrazarla para consolarla, cuando de repente siento un dulzor en mis labios temblorosos. Un beso.



¡Un beso!



¡El más largo de mi vida!



¡Más extenso que toda mi vida!






Ya es de mañana y la veo partir en avión rumbo a Acapulco. Allí abordará el avión hacia mi amado Chile.


Yo me quedo acá. Solo. Acompañado de las tibias olas del mar de Puerto Escondido...



¡Maldito seas Neruda! ¡Siempre tuviste la razón, eh!



¡Siempre...!



"Es tan corto el amor y tan largo el olvido".





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