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Cristian cierra la puerta del departamento y tranquilamente sale del edificio.
Cristian cierra la puerta del departamento y tranquilamente sale del edificio.
Otro día más de estudios de posgrado. Monta en su automóvil y parte rumbo a la universidad.
El sol entibia el paisaje matutino de la ciudad. El puerto se divisa espléndido. El mar está pleno. Las calles atestadas de vehículos no son impedimento para el recorrido de siempre del auto de Cristian. Pone la radio y escucha el especial de los viernes: ¡The Beatles!
El sol entibia el paisaje matutino de la ciudad. El puerto se divisa espléndido. El mar está pleno. Las calles atestadas de vehículos no son impedimento para el recorrido de siempre del auto de Cristian. Pone la radio y escucha el especial de los viernes: ¡The Beatles!
Al son del clásico "Don't let me down" recorre con el rostro amplio los caminos porteños.
Quince minutos antes del inicio de la primera clase llega a la universidad. Luego de estacionar el vehículo, Cristian camina hacia el casino. Varias amigas se acercan a saludarlo. Una de ellas, la "Rucia", le besa 'casualmente' la comisura del labio. Él se hace el desentendido, tocándose la mejilla suavemente. Al despedirse de las muchachas, ellas conversan entre sí emocionadas mirando al joven, quien aún no entra en el reino de los treintones. Cristian atina, por sana vergüenza, a masajearse el cabello negro.
No alcanza a llegar a la sala cuando tres amigos se le acercan y lo abrazan. Le conversan de forma animada sobre todo. Lo invitan como siempre a unas buenas fiestas para el fin de semana. Él les sonríe.
Es hora de clases.
Otro día más de estudios de posgrado. El docente que tiene de director de tesis para el doctorado lo felicita nuevamente por su excelente investigación. Le promete que es seguro que egrese con honores. Todo bien.
Al atardecer, Cristian se retira de la última clase. Una joven compañera, Natalia, se le acerca para saludarlo. Ella evidencia discretamente su atracción por Cristian. Él se deja embelesar: es una morena muy encantadora. Ella lo invita a salir a un café. El domingo es un buen día para juntarse en el paseo de la costanera. Natalia se despide: él le sonríe devolviéndole el saludo.
Así ha transcurrido un bonito viernes. Monta su vehículo y sube por las avenidas hacia su hogar. Cristian tiene muchos panoramas para el fin de semana.
Sube por las escaleras del edificio rumbo al último piso, donde se sitúa su departamento. Abre la puerta y deja las llaves en la mesa. Se sirve una copa de dulce vino tinto.
Por fin, toma asiento en el amplio sofá de felpa. Mira la ventana. Parece relajado.
Fija la vista en el velador que está al costado del sofá. Abre su puerta y coge del fondo un pesado bulto envuelto en un bolso negro. Extrae un objeto contundente del interior. Es una pistola.
Luego de limpiarlo y admirarlo por algunos segundos, Cristian se dispara en la sien, cayendo muerto de modo instantáneo con el cráneo destrozado.
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