miércoles, 8 de octubre de 2008

SIGUE Y SIGUE...

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Él va llegando tarde a su trabajo. Como siempre.


Nadie se percata de su presencia. No hay saludos para su persona.


Marca con la tarjeta en el aparato regulador de entradas y se dispone a tomar asiento frente al computador, en el viejo cubículo que hace ya tres años lo espera sucio.


En el aire no se siente ni olor a café ni olor a nada. La mañana está repleta de negras nubes y pareciera que ya no existe el sol en estos taciturnos espacios. Al menos por hoy.


Teclea frente al computador. No piensa en nada más. No debe pensar en nada más.


Trabaja y trabaja. Sigue en lo mismo.


Recuerda lo de ayer. Ayer sí le dirigieron la palabra. Claro, sólo para llenarlo de puteadas por la entrega atrasada de un informe que un superior suyo debió haberlo hecho.
¡Pero no! ¡Siempre debe hacerlo él a última hora!


No quiere imaginar nada más por hoy, pero la mente no obedece a sus deseos de escape. "¡¿Es que acaso eres tan inútil?! ¡¿Tan weón puede ser alguien de tu clase?!" Se repite la voz del jefe en su cabeza. "¡Hijo de puta, a voh te abortaron conch'etumadre!".


Sigue y sigue la voz. Sigue y sigue.


Y teclea. Tipea el informe nuevamente. Nuevamente. Más y más. Más y más...



Se pone de pie y camina lentamente hacia la oficina del jefe. La luz centellea. Está mala la ampolleta. Golpea suavemente. "¿Quién es?" - atiende una voz al interior de la oficina. "González" - responde, con voz gutural.


Sin esperar respuesta, ingresa a la oficina repleta de cajas, repletas a su vez de papeles que están repletos de hoscos informes. Rompe el panorama de la gris oficina una foto de la sonriente familia del jefe.

"¡Otra vez te apareces frente a mí, escoria humana! ¡Aprende a golpear la puerta, hijo de puta! ¡Chuche'tu madre y la perra que te parió...!".
Sigue y sigue la misma cantilena. Sigue y sigue.


Mira al jefe.
Saca de dentro de su vestón un enorme cuchillo de cocinero y se lo entierra al patrón en el ojo derecho. Saltan -como si fuera de un huevo roto- los fluidos del ojo del jefe.
De un golpe, vuelve a acuchillarlo, más y más fuerte. Más y más fuerte.
Grita y balbucea palabra de mierda mientras lo asesina.
De su boca cuelga la blanca baba del desquiciado. Los sesos están al aire. La cabeza, rota.
Más y más golpes de cuchillo. Le abre el pecho y lo hace añicos.
Revienta la aorta y salta un chorro enorme de caliente y espesa sangre. Le escurre en la cara, mezclándose con las babas colgantes. Los ojos en llama.
!El cuello! ¡Al fin! ¡El cuello!
Rompe la manzana de Adán y con dos tajos lo decapita... la carne sangrienta cuelga de la cabeza masgullada. Él sonrie mientra mea sobre el cadaver. Sonríe. Más y más. Más y más...


... hasta que aparece otro empleado y grita: "¡Pero qué mierda haces babeando y sin hacer nada!".


Él vuelve en sí y se descubre babeando frente al computador. El informe que estaba tipeando está a la mitad. Mira torpemente hacia atrás y ve al jefe que lo increpa nuevamente. "¡No te echo a patás culiao no más porque ningún weón con sesos en la cabeza sería capaz de hacer esta weá!".


Limpia su saliva con una amarillenta hoja tamaño oficio y retoma el interminable y denso informe.



Falta diez horas aún para terminar la jornada.




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