Debo reconocer ante mis enemigos y mis amigos
que el veintiocho pasado pedí en secreto unos sismos,
leves, ruidosos y a destiempo para que te recuerdes de mí
con un poco de temor, de ansiedad para, quizá,
crear en ti un flechazo fugaz de necesidad
de mi abrazo tierno, firme y leal.
No hay comentarios:
Publicar un comentario