domingo, 24 de abril de 2011

RESURRECCIÓN

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Amado Jesús,
¿por qué no me haces el favor
enorme
de poder cargar con tu cruz,
de poder llevar en mis sienes
tu corona de espinas,
de dejar que mi espalda desnuda
reciba los azotes de los ignorantes,
de ser crucificado en medio del caos
y el odio de la gente?

¿Por qué no me dejas ser yo,
por favor,
el que cargue con el sufrimiento de la piel
y el castigo por dentro?

Te lo imploro,
humildemente,
mi bien amado Salvador.

¡Permíteme darle un sentido a mi dolor
compartiendo el tuyo, que debió de ser
inmenso y total!

¡Permíteme morir desangrado y abandonado
y de ese modo vivir en mi carne y mi alma
un poco de tu Resurrección!


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