viernes, 25 de noviembre de 2011

A LA DERIVA

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De un rayo de infierno onírico
nací en el ardor de una nevazón,
blanco y en proceso de expansión.

No soy lo que creen tus ojos
y lo que piensas de mí, guárdalo ahora
no vale la pena un reloj a la deriva.

Nadie abrazará ni un centímetro más
de la carne que sobresale de mi voz,
al menos, mientras me devore la noche.

Ódiame y escupe mi vil sombra fría:
sé que me deseas en mi desnudez
reflejada sobre las sábanas revueltas.

Seca tus lágrimas ígneas y la soledad
de tus mentiras azules y permíteme,
por fin, descansar en la paz... de nadie.



P.S.: Escrito en Temuco el jueves 10 de noviembre de 2011 (04:56).

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