.
Hay que cuidarse de los espejos
en especial de los que no son de vidrio
los construidos en base a palabras rotas
por el sino de un poder demente y en bruto.
Hay que cuidarse de los espejos
cuando no son más que demoninconsciente
indicándote que sólo eres tú el proyectador
de todos los males del mundo.
viernes, 28 de enero de 2011
UNA DUDA
.
Una duda.
Me detiene a pensar una duda.
Me rasco el cuello y el torso
mientras me río de mi reflejo
y me someto cartesianamente
a un destello que procede
de un lapsus de cinismo.
Una duda.
Valedera duda pertinente.
¡Será que el cabello me acongoja
y que los anteojos me sitúan
en un triple haz de mentiras
porque no veo lo que veo
ni siento lo que creo!
Una duda.
Mísera y aberrante duda.
Derridianidad constante enlazada
como un nudo en mi garganta
tornándome cabeza gacha hacia abajo
con mi espalda encorvada en tortura
y mis sesos redondeados en la sima.
Una duda.
He devenido en un signo de pregunta.
Una duda.
Me detiene a pensar una duda.
Me rasco el cuello y el torso
mientras me río de mi reflejo
y me someto cartesianamente
a un destello que procede
de un lapsus de cinismo.
Una duda.
Valedera duda pertinente.
¡Será que el cabello me acongoja
y que los anteojos me sitúan
en un triple haz de mentiras
porque no veo lo que veo
ni siento lo que creo!
Una duda.
Mísera y aberrante duda.
Derridianidad constante enlazada
como un nudo en mi garganta
tornándome cabeza gacha hacia abajo
con mi espalda encorvada en tortura
y mis sesos redondeados en la sima.
Una duda.
He devenido en un signo de pregunta.
HAY UNA ÚLCERA EN MI CUELLO
.
Hay una úlcera en mi cuello
que se debate algo demacrada
de tantos prejuicios dantescos
pincelados en una bocanada
de feos sables plebeyos.
Hay una soga penitente
mustia que no vale el comino
que acabo de gastar en verlo
recorriendo tantos caminos
con la cola entre los dientes.
Hay un clavo atornillado
en la yugular de mis historias
de sangre en rigor mortis
aferrado a una memoria
de un cuerpo mancillado.
La pús cavilante fluye
sereno en la pútrida aorta
el espíritu ronda en espectro
el corazón de la yaga corta
lo que el hálito soso intuye.
No hay razón en tu silencio
no hay verdad tras tu coartada
de sucio afán de desconsuelo
ya no haces falta en nada
mientras someta tu desprecio.
Hay una úlcera en mi cuello
que se debate algo demacrada
de tantos prejuicios dantescos
pincelados en una bocanada
de feos sables plebeyos.
Hay una soga penitente
mustia que no vale el comino
que acabo de gastar en verlo
recorriendo tantos caminos
con la cola entre los dientes.
Hay un clavo atornillado
en la yugular de mis historias
de sangre en rigor mortis
aferrado a una memoria
de un cuerpo mancillado.
La pús cavilante fluye
sereno en la pútrida aorta
el espíritu ronda en espectro
el corazón de la yaga corta
lo que el hálito soso intuye.
No hay razón en tu silencio
no hay verdad tras tu coartada
de sucio afán de desconsuelo
ya no haces falta en nada
mientras someta tu desprecio.
CUANDO EMPIEZO NADIE ME DETIENE
.
Cuando empiezo nadie me detiene
ni los políglotas de la antipasión
ni los superdotados de aspirinas
ni mucho menos los que lamen con sus zancos
el triste cemento peculiar de las almas
derrotadas.
Avasallo con sutilidad
cursimente
-o como deseen llamarlo-
reptando cual serpiente esotérica
dispuesto a engullirme la manzana
que olvidó una Eva en el jardín.
Cuando comienzo nadie me termina
por convencer con las palabras
si las palabras son filos que descueran
tribus civilizatorias
y desgarran las nebulosas de la semántica
de la que nos vemos envueltos
y obnubilados.
Fugazmente aparecen los avatares
y de los dioses que soy destino cruel
e inverosimil
e incesante
aun las complejas ideas anejas a la voluntad
de alguna laguna mental apagada por la boca
que escupe algún fuego sincerado
y soterráneo.
Cuando empiezo nadie me detiene
ni mí mismo
ni tú
ni eso
que perece al nacer en el mismo instante
que parpadeo una memoria nueva
tábula rasa de improperios
eficientes
y letales.
Cuando empiezo nadie me detiene
ni los políglotas de la antipasión
ni los superdotados de aspirinas
ni mucho menos los que lamen con sus zancos
el triste cemento peculiar de las almas
derrotadas.
Avasallo con sutilidad
cursimente
-o como deseen llamarlo-
reptando cual serpiente esotérica
dispuesto a engullirme la manzana
que olvidó una Eva en el jardín.
Cuando comienzo nadie me termina
por convencer con las palabras
si las palabras son filos que descueran
tribus civilizatorias
y desgarran las nebulosas de la semántica
de la que nos vemos envueltos
y obnubilados.
Fugazmente aparecen los avatares
y de los dioses que soy destino cruel
e inverosimil
e incesante
aun las complejas ideas anejas a la voluntad
de alguna laguna mental apagada por la boca
que escupe algún fuego sincerado
y soterráneo.
Cuando empiezo nadie me detiene
ni mí mismo
ni tú
ni eso
que perece al nacer en el mismo instante
que parpadeo una memoria nueva
tábula rasa de improperios
eficientes
y letales.
viernes, 21 de enero de 2011
LA GUITARRA SE CANSÓ DE MÍ
.
La guitarra se cansó de mí
de manera definitiva
y comenzó a dominarme
tal como lo hacía yo con ella.
Empezó por encerarme
con un lustramuebles barato
recubriendo mis arrugas
con sus cuerdas resgarradas.
Sintió necesidad de blusear
y cogiendo de mis pendejos castaños
los ató cada uno a mis sienes
con la firmeza de sus clavijeros.
Repartió los metales trasteros
por mi cuello y mi pecho
me rajó el ombligo entero
para hacerme el agujero.
Vació mis tripas y venas
por la boca improvisada
y ahuecó el alma destinada
a convertirse en caja de ecos.
Con mis torniquetes dientes
me afinaron con un diapasón
me convertí en guitarra austera
ya entregado y masoquizado.
La guitarra se cansó de mí
de manera definitiva
y comenzó a dominarme
tal como lo hacía yo con ella.
Empezó por encerarme
con un lustramuebles barato
recubriendo mis arrugas
con sus cuerdas resgarradas.
Sintió necesidad de blusear
y cogiendo de mis pendejos castaños
los ató cada uno a mis sienes
con la firmeza de sus clavijeros.
Repartió los metales trasteros
por mi cuello y mi pecho
me rajó el ombligo entero
para hacerme el agujero.
Vació mis tripas y venas
por la boca improvisada
y ahuecó el alma destinada
a convertirse en caja de ecos.
Con mis torniquetes dientes
me afinaron con un diapasón
me convertí en guitarra austera
ya entregado y masoquizado.
ME MIRO EN EL CHARCO DE SOL
.
Me miro en el charco de sol con el que me baño todos los días
y no es el sol de México.
Es más bien un espectro ultravioleta algo pedestre,
roncador como una guitarra desafinada en Mi menor
ulcerante como la cábala de un ingenuo atorrante
que se piensa aún distinguido y sacrosanto.
El timorato Helios devino en una substancia acuosa,
viscosa, agridulce y con menos frescor que un beso
de las espinas de una rosa que se clava en la cabeza
del ubérrimo Xochipilli, el andrógino.
Me miro en el charco de sol con el que me acuesto
impúdicamente
y definitivamente no es algo que antes pudiera haber visto
en alguna parte
jamás.
Me miro en el charco de sol con el que me baño todos los días
y no es el sol de México.
Es más bien un espectro ultravioleta algo pedestre,
roncador como una guitarra desafinada en Mi menor
ulcerante como la cábala de un ingenuo atorrante
que se piensa aún distinguido y sacrosanto.
El timorato Helios devino en una substancia acuosa,
viscosa, agridulce y con menos frescor que un beso
de las espinas de una rosa que se clava en la cabeza
del ubérrimo Xochipilli, el andrógino.
Me miro en el charco de sol con el que me acuesto
impúdicamente
y definitivamente no es algo que antes pudiera haber visto
en alguna parte
jamás.
jueves, 13 de enero de 2011
BORGES, NO ME LLEGAS A LOS TALONES*
.
Borges, no me llegas a los talones
porque apenas entiendes lo que digo.
Tal vez seas incapaz de comprender,
incapaz de descifrar más de lo que ves
sobre las cosas móviles que se despliegan
a tu alrededor.
Parecieran años desde que te conozco
y sólo son instantes fecundos de olvido
hasta que llegas a mí, engatusándome
con tu tierna atemporalidad.
Borges, no me llegas a los talones
y aún así, te reconozco como el mejor,
castaño gatito mío.
* El título refiere a un aporte de mi amigo Juan Eduardo Fürche.
Borges, no me llegas a los talones
porque apenas entiendes lo que digo.
Tal vez seas incapaz de comprender,
incapaz de descifrar más de lo que ves
sobre las cosas móviles que se despliegan
a tu alrededor.
Parecieran años desde que te conozco
y sólo son instantes fecundos de olvido
hasta que llegas a mí, engatusándome
con tu tierna atemporalidad.
Borges, no me llegas a los talones
y aún así, te reconozco como el mejor,
castaño gatito mío.
* El título refiere a un aporte de mi amigo Juan Eduardo Fürche.
miércoles, 12 de enero de 2011
LOS DOCE DÍAS PRIMEROS
.
Los doce días primeros
representan cada mes del año presente
según dice la antigua tradición
de no sé dónde y quién sabe cuándo.
Hay que fijarse en cada índole,
cada ámbito y cada aspecto
de lo que puedan traer las jornadas
que pasan rudas y raudas.
El primero significa a enero lo que el último
a un diciembre mentiroso y calmo
y el resto son de relleno
con actos que no valen remebranza.
Los doce días primeros
son mixtura amor y dinero,
sueños y realidades semidesnudas,
entre otras cotidianas cosas hueras.
Como quiera que deseen invitar al mito
vale ponerle empeño a estas fechas
tanto como a las otras trescientas y tantas
jornadas que implacables esperan.
Si es que la vida nos deja.
Los doce días primeros
representan cada mes del año presente
según dice la antigua tradición
de no sé dónde y quién sabe cuándo.
Hay que fijarse en cada índole,
cada ámbito y cada aspecto
de lo que puedan traer las jornadas
que pasan rudas y raudas.
El primero significa a enero lo que el último
a un diciembre mentiroso y calmo
y el resto son de relleno
con actos que no valen remebranza.
Los doce días primeros
son mixtura amor y dinero,
sueños y realidades semidesnudas,
entre otras cotidianas cosas hueras.
Como quiera que deseen invitar al mito
vale ponerle empeño a estas fechas
tanto como a las otras trescientas y tantas
jornadas que implacables esperan.
Si es que la vida nos deja.
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