viernes, 21 de enero de 2011

ME MIRO EN EL CHARCO DE SOL

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Me miro en el charco de sol con el que me baño todos los días
y no es el sol de México.

Es más bien un espectro ultravioleta algo pedestre,
roncador como una guitarra desafinada en Mi menor
ulcerante como la cábala de un ingenuo atorrante
que se piensa aún distinguido y sacrosanto.

El timorato Helios devino en una substancia acuosa,
viscosa, agridulce y con menos frescor que un beso
de las espinas de una rosa que se clava en la cabeza
del ubérrimo Xochipilli, el andrógino.

Me miro en el charco de sol con el que me acuesto
impúdicamente
y definitivamente no es algo que antes pudiera haber visto
en alguna parte
jamás.

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