.
La guitarra se cansó de mí
de manera definitiva
y comenzó a dominarme
tal como lo hacía yo con ella.
Empezó por encerarme
con un lustramuebles barato
recubriendo mis arrugas
con sus cuerdas resgarradas.
Sintió necesidad de blusear
y cogiendo de mis pendejos castaños
los ató cada uno a mis sienes
con la firmeza de sus clavijeros.
Repartió los metales trasteros
por mi cuello y mi pecho
me rajó el ombligo entero
para hacerme el agujero.
Vació mis tripas y venas
por la boca improvisada
y ahuecó el alma destinada
a convertirse en caja de ecos.
Con mis torniquetes dientes
me afinaron con un diapasón
me convertí en guitarra austera
ya entregado y masoquizado.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario