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Hay una úlcera en mi cuello
que se debate algo demacrada
de tantos prejuicios dantescos
pincelados en una bocanada
de feos sables plebeyos.
Hay una soga penitente
mustia que no vale el comino
que acabo de gastar en verlo
recorriendo tantos caminos
con la cola entre los dientes.
Hay un clavo atornillado
en la yugular de mis historias
de sangre en rigor mortis
aferrado a una memoria
de un cuerpo mancillado.
La pús cavilante fluye
sereno en la pútrida aorta
el espíritu ronda en espectro
el corazón de la yaga corta
lo que el hálito soso intuye.
No hay razón en tu silencio
no hay verdad tras tu coartada
de sucio afán de desconsuelo
ya no haces falta en nada
mientras someta tu desprecio.
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