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Me tienes haciendo piruetas burdas
blasfemando chistes frente a los demás
mofándome de las desgracias risibles
e insufribles de mis huesos
oxidables.
El tricornio gira con los picos coloridos
hacia un centro sin espacio real
desempeñando mis mejores etiquetas
enrrostradas en mis caretas azules
y escarlatas.
Clavas y esféricos diseñan la constelación
el dibujo de mi agraz corazón
teniendo un último gran suspiro
hacia las membranas firmes
de tus leves oídos.
Groserías al mundo y besos a la soledad
saltando como un conejo en la banca
mientras el cuerpo se pudre
lentamente por el silencio
de tu voz.
Esa voz que ama violar mis sienes
insinuantes
perennes.