¿Qué tal si me latigas la desnudez trigueña
con aquellos cabellos plenos de poder
sedientos de vanidad inmensa
y de lujuria extrema?
Castígame con esa mirada sedienta
de violencia sexual que escondes
bajo la apariencia de candidez
de mujer decente.
Somete éste, mi cuerpo sangriento
con tus uñas omnipotentes
dignas del goce divino
de la decadencia.
Hazlo rápido
¡Ahora ya!
Antes que me arrepienta...
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