martes, 24 de mayo de 2011

VEINTE Y OCHO

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Siento el sabor de un vino añejo en los labios
y el olor del tabaco
que revolotea por mis sienes.

En vez de veinte y ocho quizá
sólo quizá
sea un sabio de ochenta y dos.

Quién sabe: acaso soy sólo un personaje desfalleciente
en la vejez peregrina
de alguna vieja novela.


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