Siento el sabor de un vino añejo en los labios
y el olor del tabaco
que revolotea por mis sienes.
En vez de veinte y ocho quizá
sólo quizá
sea un sabio de ochenta y dos.
Quién sabe: acaso soy sólo un personaje desfalleciente
en la vejez peregrina
de alguna vieja novela.
No hay comentarios:
Publicar un comentario