jueves, 21 de agosto de 2008

ENSOÑACIÓN

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- ¡Ay! ¡Ay! Acaba acaba, guapo...

- ¡¿Ya?! ¡¿Estai lista?!

- ¡Ay Dios, sigue sigue que viene otro...!

- No me weís, jajajaja...

- ¡Erís demasiado exquisito...!


Claudia rompe el silencio de la habitación con un enorme alarido de placer. Fernando, sudoroso, se torna de espaldas para descansar luego de aquellos delirios que sólo produce el sexo.


- ¡Erís demasiado mino y exquisito, weón!

- ¡Puta, es lo que hay! - expresa jactancioso el tipo.


Se ríen siendo cómplices del goce del otro.



Luego de descansar tendidos en la cama, decorada de color beige, Claudia despierta y queda absorta mirando cómo duerme Fernando.

Claudia acaricia de modo sutil el pecho de su hombre. Roza los vellos y, con sus dedos de seda, pasa como una brisa de estío sobre el miembro de Fernando, que se mantiene semierecto y húmedo.

Ella lo ama. O, al menos, siente una pasión desenfrenada que, con lo que le queda de cordura, intenta detener.

El sol matutino aparece entre las cortinas, que hacen juego con el cobertor de la cama. El sonido de las olas a lo lejos arrulla el cansancio de Fernando, que lo dio todo para satisfacer a Claudia.


Claudia se levanta. Ya son las ocho. Mira levemente por la ventana y admira la terraza que da hacia la ancha playa que muere en el mar que se mece tranquilo, como lo puede ser el sueño de una mariposa.

Ella, semivestida, sale por la terraza y se apronta a ir al mar. La mañana está más que agradable y casi no hay brisa. Casi.

Claudia se lanza hacia el mar cálido y refresca el cuerpo que hace unas horas se entregó al desenfreno del sexo.

Relajada, flota sobre las aguas saladas, mirando al brilloso cielo, los bordes de los acantilados, la playa que acompaña la pequeña cabaña que alberga a los amantes, el horizonte pletórico de mar.


Está contenta. No piensa en nada más.

Por fin pudo olvidar su trágica adolescencia, su matrimonio fallido y los engaños del último conviviente a quien dio instantes valiosos de su vida. Por fin olvida la presión de los padres y los momentos amargos que nunca proyectó.


Ahora está sola con un perfecto desconocido, haciendo lo que se le viene en ganas en el único lugar que heredó de esos podridos tiempos pasados.


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