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Estoy rodeado de calles extrañas que llevan hacia qué sé yo dónde. Me parece que voy al oriente.
Llegué en metro y, luego de salir del Zócalo, aún no me ubico. Me largo a caminar, mapa en mano. Hace calor, creo que mucha para ser invierno.
No. No me ha afectado la altura, pese a las recomendaciones en la bienvenida realizada en la universidad.
¡Ciudad de México es tan barroca! Es un microcaos. En realidad, no sé qué tan 'micro' pueda llegar a ser porque es inmensa...
La calle de La Soledad me lleva por enormes y desgastados edificios. Hay una iglesia en la esquina. Barroca, como todas. Repleta de ángeles, vírgenes y elementos americanos en sus relieves.
Veo algo de comercio y bastante gente. Me miran extraño. Notan que soy extranjero. Murmuran a lo lejos indescifrables palabras... Creo que me dicen ‘güero’.
Basura en los rincones. Restos de lo que alguna vez fue un mixiote.
Un poco de hedor, olor a orina, a algo.
Hay unos vasos blancos en el suelo, de esos con lo que sirven el atole mañanero. ¡Qué delicia es probar un atole en las mañanas!
Luego de pasar por unos pasajes, me encuentro con una avenida repleta de autos, taxis y peceros. Leo el letrero: Avenida Circunvalación.
¡Es realmente raro que a las diez de la mañana haya por estas manzanas tantas putas!
Sí. Hay algunas que ya son viejas, pero me sorprendo al ver a niñas de trece o catorce años... ¡Ciudad de México es barroco!
Sin ser tan cristiano -soy cristiano, o al menos, eso dice el perfil de mi cuenta en Facebook- voy a admirar a la virgen, cuyo velo veo por detrás. A una Guadalupe que está en un pedestal en una de las esquinas de la avenida. Me impresiono bastante al percatarme que era una calavera envuelta en una manta.
- ¡¡¡¿Qué cresta es esto?!!!
La pregunto con voz tímida a un hombre que está mirándome en la esquina.
- ¡Mande!
(¿Qué me habrá querido decir con eso?)
No digo nada, hasta que el hombre me dice:
- ¿Es extranjero?
- Sí, de Chile.
- ¡Ahhh! ¿Y qué haces en la Merced? ¿Acaso no te dijeron que los güeros no tienen que venir por este barrio?
Ya sabía que era ser güero.
- No, pero me dijeron que no era tan peligroso como Tepito. Ahí sí que no voy...
- ¡Estás informado, güero! Ahora, lo que ves allí es nuestra Santísima Muerte. Acá habemos muchos que la veneramos.
- ¡Ahhh! Disculpe mi ignorancia.
- Tranquilo, wey.
Hay cosas raras en Ciudad de México. Pero ocurre algo extraño en mis pensamientos y en lo que siento.
Estoy rodeado de calles extrañas que llevan hacia qué sé yo dónde. Me parece que voy al oriente.
Llegué en metro y, luego de salir del Zócalo, aún no me ubico. Me largo a caminar, mapa en mano. Hace calor, creo que mucha para ser invierno.
No. No me ha afectado la altura, pese a las recomendaciones en la bienvenida realizada en la universidad.
¡Ciudad de México es tan barroca! Es un microcaos. En realidad, no sé qué tan 'micro' pueda llegar a ser porque es inmensa...
La calle de La Soledad me lleva por enormes y desgastados edificios. Hay una iglesia en la esquina. Barroca, como todas. Repleta de ángeles, vírgenes y elementos americanos en sus relieves.
Veo algo de comercio y bastante gente. Me miran extraño. Notan que soy extranjero. Murmuran a lo lejos indescifrables palabras... Creo que me dicen ‘güero’.
Basura en los rincones. Restos de lo que alguna vez fue un mixiote.
Un poco de hedor, olor a orina, a algo.
Hay unos vasos blancos en el suelo, de esos con lo que sirven el atole mañanero. ¡Qué delicia es probar un atole en las mañanas!
Luego de pasar por unos pasajes, me encuentro con una avenida repleta de autos, taxis y peceros. Leo el letrero: Avenida Circunvalación.
¡Es realmente raro que a las diez de la mañana haya por estas manzanas tantas putas!
Sí. Hay algunas que ya son viejas, pero me sorprendo al ver a niñas de trece o catorce años... ¡Ciudad de México es barroco!
Sin ser tan cristiano -soy cristiano, o al menos, eso dice el perfil de mi cuenta en Facebook- voy a admirar a la virgen, cuyo velo veo por detrás. A una Guadalupe que está en un pedestal en una de las esquinas de la avenida. Me impresiono bastante al percatarme que era una calavera envuelta en una manta.
- ¡¡¡¿Qué cresta es esto?!!!
La pregunto con voz tímida a un hombre que está mirándome en la esquina.
- ¡Mande!
(¿Qué me habrá querido decir con eso?)
No digo nada, hasta que el hombre me dice:
- ¿Es extranjero?
- Sí, de Chile.
- ¡Ahhh! ¿Y qué haces en la Merced? ¿Acaso no te dijeron que los güeros no tienen que venir por este barrio?
Ya sabía que era ser güero.
- No, pero me dijeron que no era tan peligroso como Tepito. Ahí sí que no voy...
- ¡Estás informado, güero! Ahora, lo que ves allí es nuestra Santísima Muerte. Acá habemos muchos que la veneramos.
- ¡Ahhh! Disculpe mi ignorancia.
- Tranquilo, wey.
Hay cosas raras en Ciudad de México. Pero ocurre algo extraño en mis pensamientos y en lo que siento.
Quizá me estoy dejando envolver por esta fascinación, barroca...
=0=
1 comentario:
¡Gran momento el saber que uno es güero!
Joserra
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