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Odio que me retraten y, para más remate, que lo hagan mal. Los estúpidos que trabajan en el Poder Judicial son unos corruptos. ¡No sé qué mierda hacen ahí...!
Cómo detesto esta prensa repletos de periodistas derechistas y weones... ¡Si ni siquiera saben escribir las calles de los homicidios!
Con toda esta gente rondando en los hechos, no tienen cómo capturarme.
No importa. Yo seguiré caminando libre por las calles de este hoyo de mierda que es Santiago.
Nunca quise tener esta vida. Hay miles de weás que te llevan a esto. En mi caso, la repulsión a sus miradas me motivaron a hacerlas mierda. Sin culpa. Me hacían sentir como si quisiera ser cliente de ellas.
Yo tenía mi vida feliz, era joven. Tenía una novia, estaba todo bien.
Llegó ese maldito día, antes de vacaciones. ¿Qué iba a hacer? ¿Dejarme asaltar por su violencia horrenda? ¡Obvio que no! La ahorqué. Vomitaba sangre. Rompí con mis manos frías las venas de su cuello.
Me sentí como el carajo. No podía creerlo. Yo siempre las había mirado con respeto, a la vez que con recelo. Con esa ingenuidad con que los padres te inculcan el respeto a los sectores marginales de la sociedad. Ese misticismo marxista, neomarxista o lo que sea, con el que miran a los explotados de estas sociedades capitalistas.
Decidí huir. No contarle a Beatriz. No lo podía saber. Ella me amaba. ¡Tenía tan buena impresión de mí!
Después de esa pesadilla, ya no fue tal. Algo me llevó a seguir enfrentándome a ellas. Un odio que se quedó en mí. Repugnancia.
Perdí así a Beatriz. Nunca pude volver a mirarla de nuevo. Preferí que huyera de mí. Ella nunca sospechó. Le mentí. Le dije que tenía otra. Cualquier cosa le dije para que se fuera, se librara de mis demonios.
Odio que me retraten y, para más remate, que lo hagan mal. Los estúpidos que trabajan en el Poder Judicial son unos corruptos. ¡No sé qué mierda hacen ahí...!
Cómo detesto esta prensa repletos de periodistas derechistas y weones... ¡Si ni siquiera saben escribir las calles de los homicidios!
Con toda esta gente rondando en los hechos, no tienen cómo capturarme.
No importa. Yo seguiré caminando libre por las calles de este hoyo de mierda que es Santiago.
Nunca quise tener esta vida. Hay miles de weás que te llevan a esto. En mi caso, la repulsión a sus miradas me motivaron a hacerlas mierda. Sin culpa. Me hacían sentir como si quisiera ser cliente de ellas.
Yo tenía mi vida feliz, era joven. Tenía una novia, estaba todo bien.
Llegó ese maldito día, antes de vacaciones. ¿Qué iba a hacer? ¿Dejarme asaltar por su violencia horrenda? ¡Obvio que no! La ahorqué. Vomitaba sangre. Rompí con mis manos frías las venas de su cuello.
Me sentí como el carajo. No podía creerlo. Yo siempre las había mirado con respeto, a la vez que con recelo. Con esa ingenuidad con que los padres te inculcan el respeto a los sectores marginales de la sociedad. Ese misticismo marxista, neomarxista o lo que sea, con el que miran a los explotados de estas sociedades capitalistas.
Decidí huir. No contarle a Beatriz. No lo podía saber. Ella me amaba. ¡Tenía tan buena impresión de mí!
Después de esa pesadilla, ya no fue tal. Algo me llevó a seguir enfrentándome a ellas. Un odio que se quedó en mí. Repugnancia.
Perdí así a Beatriz. Nunca pude volver a mirarla de nuevo. Preferí que huyera de mí. Ella nunca sospechó. Le mentí. Le dije que tenía otra. Cualquier cosa le dije para que se fuera, se librara de mis demonios.
¡Te extraño Beatriz! ¡¡Cómo te extraño!!
Yo... yo nunca las violenté. Me daban asco. ¡Me repulsan las putas! Siempre me he sentido así.
Yo... yo nunca las violenté. Me daban asco. ¡Me repulsan las putas! Siempre me he sentido así.
¿Qué tipo de cerdos verían algo más en alguien que te ve como clientela?
Yo lo sé: por culpa de esos hijos de puta ellas venden su cuerpo. Pero, ¿qué puedo hacer yo? ¿Qué puedo hacer frente a su prepotencia? ¡Eliminarlas! ¡Sólo eso!
Ojo. Nunca le di muerte lenta. Ahorcamientos. Balas en la cabeza. Nunca violé a una. Nunca quise manoserlas. ¡Es repugnante el calor de un cuerpo desgastado y hediondo a sexo recurrente!
¡Ya no quiero hacerlo! ¡No quiero hacer sufrir más! No quiero sufrir... aunque a estas alturas ya no me dan pena.
Espero mi final. Mi final alegre. Que una patrulla de Carabineros me pille in fraganti.
¡Son tan fracasados estos hijos de puta!
Yo sigo con mi vida normal. Trabajando donde siempre. Ganando lo de siempre. Estos weones no podrían sospechar de mí. El intachable. El recatado. El reservado. Nadie podría darse cuenta.
¡Pero yo no le haré la pega fácil a estos giles!
¡Que hagan justicia con ellas!
¡Que hagan justicia conmigo!
¡Me hagan mierda tal como lo hice con ellas!
Quiero mi final feliz para todos.
Debo morir para sanar sus heridas.
Debo morir para sanar las mías...
¡Que hagan justicia con ellas!
¡Que hagan justicia conmigo!
¡Me hagan mierda tal como lo hice con ellas!
Quiero mi final feliz para todos.
Debo morir para sanar sus heridas.
Debo morir para sanar las mías...
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