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David se mira el rostro en el espejo. Se reunirá dentro de veinte minutos con Marcela, la mujer más importante de su vida.
David va igual de desarreglado que siempre. Siente que se ve bonito con esa facha. Bueno. Él se siente bien. Al menos va de negro.
Marcela todavía está en la micro. Está algo ansiosa por llegar y no faltar a la hora acordada con David. Sabe que David se molesta con los retrasos. Será malvestido, pero es puntual.
David se impacienta pese a que no son todavía las tres de la tarde.
El sol es de mentira y las nubes juegan a esconderlo de los ojos de los mortales. Corre un ligero viento que cala en los huesos porque nace de los hielos cordilleranos.
David mira la entrada del Cementerio General. Voltea la mirada hacia la plazuela ornada de arcos a lo romano. A lo lejos, ve casi corriendo a Marcela. Ella levanta su brazo, saludándolo a lo lejos. Marcela sonríe y David deja ir su disgusto, devolviendo otra sonrisa.
- ¡Llegaste amor!
- ¡Cómo no iba a llegar! Perdón, mi vida. Es que me retrasé por la micro. ¡No pasaba nunca!
- Tú sabes Marcela que debes salir más temprano de casa.
Mientras le decía esto, David abraza cariñosamente a Marcela.
Marcela le muestra los claveles. El color flama de las flores contrasta con las sobrias vestimentas de los amantes. David besa en la boca a Marcela. Ella se sonroja, rompiendo la pureza de su tez alba.
Tomados de la mano, ambos entran al Cementerio General. El sol se despide, perdiendo el juego frente a la grises nubes.
Marcela y David recorren las callejuelas del enorme lugar sacrosanto.
Luego de pasar por los mausoleos históricos de los presidentes de la Nación, llegan al sector de los nichos. Buscan con sus miradas el nicho correspondiente al perdido ser querido.
Al hallarlo, Marcela se acerca ante el nicho. Lo acaricia con sus dedos ligeros. La pena va invadiendo de suspiros su boca femenina.
- ¡Padre mío!
No soporta más y estalla en silencioso llanto.
- Perdóname... Te amo papito... pero también lo amo a él. ¡Lo siento papá...!
David escucha en silencio fúnebre los sollozos de su amada. Marcela deja de hablarle al nicho y se aleja un poco, dejando un espacio para que David se acerque.
David mira la tumba. Observa con fortaleza la imagen del padre de Marcela. No quiere quebrar en llanto. Intenta mantenerse calmo. Trata de no perder la templanza.
David, finalmente, le habla en voz alta a la tumba.
- No quisimos hacerte esto... No queríamos este fin... Queríamos verte feliz y vivo, junto a nosotros... Papá.
Marcela agacha la cabeza de manera tan pronunciada como si se enfrentase al Juicio Final.
- Te amamos papá. Pero también yo la amo. Siempre amé a Marcela. ¡Siempre, papito...!
Luego de las últimas palabras que exhala dificultosamente, David cae sobre sus rodillas y se ponen a llorar, orando.
Salen del Cementerio General Marcela y David. Sus rostros intentan recuperar el color.
David se mira el rostro en el espejo. Se reunirá dentro de veinte minutos con Marcela, la mujer más importante de su vida.
David va igual de desarreglado que siempre. Siente que se ve bonito con esa facha. Bueno. Él se siente bien. Al menos va de negro.
Marcela todavía está en la micro. Está algo ansiosa por llegar y no faltar a la hora acordada con David. Sabe que David se molesta con los retrasos. Será malvestido, pero es puntual.
David se impacienta pese a que no son todavía las tres de la tarde.
El sol es de mentira y las nubes juegan a esconderlo de los ojos de los mortales. Corre un ligero viento que cala en los huesos porque nace de los hielos cordilleranos.
David mira la entrada del Cementerio General. Voltea la mirada hacia la plazuela ornada de arcos a lo romano. A lo lejos, ve casi corriendo a Marcela. Ella levanta su brazo, saludándolo a lo lejos. Marcela sonríe y David deja ir su disgusto, devolviendo otra sonrisa.
- ¡Llegaste amor!
- ¡Cómo no iba a llegar! Perdón, mi vida. Es que me retrasé por la micro. ¡No pasaba nunca!
- Tú sabes Marcela que debes salir más temprano de casa.
Mientras le decía esto, David abraza cariñosamente a Marcela.
Marcela le muestra los claveles. El color flama de las flores contrasta con las sobrias vestimentas de los amantes. David besa en la boca a Marcela. Ella se sonroja, rompiendo la pureza de su tez alba.
Tomados de la mano, ambos entran al Cementerio General. El sol se despide, perdiendo el juego frente a la grises nubes.
Marcela y David recorren las callejuelas del enorme lugar sacrosanto.
Luego de pasar por los mausoleos históricos de los presidentes de la Nación, llegan al sector de los nichos. Buscan con sus miradas el nicho correspondiente al perdido ser querido.
Al hallarlo, Marcela se acerca ante el nicho. Lo acaricia con sus dedos ligeros. La pena va invadiendo de suspiros su boca femenina.
- ¡Padre mío!
No soporta más y estalla en silencioso llanto.
- Perdóname... Te amo papito... pero también lo amo a él. ¡Lo siento papá...!
David escucha en silencio fúnebre los sollozos de su amada. Marcela deja de hablarle al nicho y se aleja un poco, dejando un espacio para que David se acerque.
David mira la tumba. Observa con fortaleza la imagen del padre de Marcela. No quiere quebrar en llanto. Intenta mantenerse calmo. Trata de no perder la templanza.
David, finalmente, le habla en voz alta a la tumba.
- No quisimos hacerte esto... No queríamos este fin... Queríamos verte feliz y vivo, junto a nosotros... Papá.
Marcela agacha la cabeza de manera tan pronunciada como si se enfrentase al Juicio Final.
- Te amamos papá. Pero también yo la amo. Siempre amé a Marcela. ¡Siempre, papito...!
Luego de las últimas palabras que exhala dificultosamente, David cae sobre sus rodillas y se ponen a llorar, orando.
Salen del Cementerio General Marcela y David. Sus rostros intentan recuperar el color.
Van tomados de la mano.
Como dos amantes más en este Santiago invernal.
Como dos amantes...
=0=
3 comentarios:
Mi humilde opinión es que repites mucho los nombres, podrías utilizar de vez en cuando los artículos. También me gustaría que desarrollaras más los personajes y que dejaras un poco más claro el final, no entendí si eran hermanos amantes que mataron al papá, si eran hermanos que se comportaban como amantes, si era el papá de ella y lo mataron porque... en fin. ¿Me entiendes? es medio complicado. Un abrazo y sigue así ;)
Jejeje...
En el primer punto, sí, repito los nombres. Tiene, a mi parecer, cierto efecto sonoro y comprehensivo en la narración. Quizá no se entienda de una, pero trato aquello a modo de complicidad. El lenguaje también es cómplice del círculo, el secreto que ellos poseen.
En el segundo punto, ¡ese es el juego!
No quise dejar en claro el secreto porque ése es el dilema. Cada quien saca sus conclusiones. Efectivamente ellos son hermanos y resignados amantes; empero, lo del padre, queda como asunto abierto.
Gracias por darte el tiempo de leerme...
;)
AHHHHHHHHHH claro, final abierto, haces que el lector piense, ;) jeje uno por lo general quiere las cosas fáciles, en bandejita de plata. Un besote desde "la cuna del libertador" jajaja, espero poder encontrar el tiempo para leer el resto de tu blog.
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