Es lindo mirar por la ventana. Escuchas el tecleo que se arriman a mis oídos mientras tus ojos recorren los desgastados techos que ornan el panorama. Presiento una mirada cercana a mí: desatiendo la presión.
Bajo por las escaleras de la universidad y me pongo en camino hacia algún lugar. Me dirijo a Barroso.
- Wena weón!!!
- ¿Qué te pasa gay culiao?
(Esteban, Esteban…)
- ¿Cómo te ha ido?
- Bien poh… Tuve clases en la mañana de Metodología…
- Buh… Yo tengo clases a las tres.
- ¿Y aónde vai ahora?
- A comer, weón. Toy cagao de hambre…
- Cómete este poh…
Empezamos a conversar de lo de siempre: qué profes, qué el metro, qué lo repleto del casino, qué dónde vamos a ubicarnos para almorzar.
- Esta weá a esta hora siempre está llena…
Siempre es lindo estar con los amigos. De la nada aparecen los otros: el Alonso,
Las bromas de siempre se asoman mientras estoy con ellos.
Luego, cada uno se desparrama por la universidad. El ritual de despedidas está hecho.
Hoy no viene Carolina. De todos modos, reparo si el celular tiene alguna llamada perdida.
Cruzo
Llego al paradero Transantiago y, como es media tarde, lo abordo sin problemas. Me siento a la izquierda, como siempre. La expreso parte y recorro con la vista los asientos semivacíos. Nadie conversa.
Es lindo mirar por la ventana: la cordillera nevada, los edificios, los vehículos, la gente, los blocks. Me espera Carolina al llegar.
Sí. Esta rutina sí que me pone bien…
1 comentario:
Cuánto extrañamos la cordillera... ¿recuerdas? Era una nostalgia reprimida, callada... un pacto implícito, no mencionar nuestra cordillera para no caer en la añoranza de esta tierra nuestra. Es lindo estar a tu lado, y recorrer a tu lado el regreso a casa -que siempre es largo- que se disfruta sólo cuando estoy a tu lado.
Te amo gato Negro.
P.S: me gusta mucho el manejo del lenguaje y en cómo creas un escenario a partir de pocos trazos.
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